Si por un instante hiciera un alto y analizara con cautela su día a día, podría decir:
-¿En cuantas ocasiones ha apoyado a otra (as) persona (as)
desinteresadamente en los últimos días?,
-¿Con cuanta frecuencia ha actuado con adhesión hacia causas “ajenas”?
-¿Qué tan disponible ha estado para terceros?,

¿Cuál sería su respuesta a estas interrogantes?, respóndase a sí mismo si al menos para este momento, sabe que acabará su día con un acto que de alguna manera mejoró el día de alguien más.

Por naturaleza, las personas damos por entendido que tenemos valores y que somos practicantes de todo aquello que nos enseñaron en diversos espacios de socialización y que nos ha parecido adecuado. Quizás para este momento usted por ejemplo, considere que la solidaridad es un valor que le atraviesa y que efectivamente forma parte de su actuar, pero muy pocas veces nos detenemos a pensar si realmente practicamos la solidaridad con las personas que a diario se cruzan en nuestro camino.

WhatsApp Image 2017-10-30 at 9.40.46 AM.jpeg

En nuestra sociedad cada persona busca a su manera, oportunidades para lograr salir adelante y tener una calidad de vida digna, y en ese proceso olvidamos que no somos los únicos con esos sueños, deseos y por sobre todo derechos, olvidamos que mientras decidimos en que universidad matricular, en qué lugar trabajar, qué cosas comprar, hay un adolescente que se vio en la obligación de dejar sus estudios porque tiene que trabajar para poder sostener a su familia.

Olvidamos, que mientras todos corren a comprar regalos para celebrar las festividades, hay una familia, que trata de conseguir más plásticos para forrar las paredes de su casa y que al menos el viento y la lluvia no les invada, olvidamos que mientras disfrutamos una cena en familia, hay un niño (a) que se acostó con su estómago vacío y una madre que no logró dormir velando por su salud.

Es fácil pensar en nuestros deseos, en nosotros, en lo que soñamos, y eso está bien, pues son esas metas las que nos impulsan a avanzar, pero tenemos que ser consientes de que en la sociedad en la que estamos la desigualdad de oportunidades, la pobreza extrema, las enfermedades y el hambre se pueden encontrar en cualquier esquina y su acción, mi acción y la acción de muchos podrían ayudar a mejorar la calidad de vida de muchas personas.

Si tuviéramos la cultura de la solidaridad y el espíritu de compartir podríamos luchar contra la desigualdad social que tanto nos afecta, más allá de las diferencias que nos caracterizan y enriquecen.

¿Hoy usted fue solidario? Es un buen momento para poner en práctica un valor tan indispensable, y que bien utilizado nos ayudara a usted y a mí a detener la creciente desigualdad en la que vivimos, sea solidario, hoy alguien allí afuera le necesita.

Gabriela Arias Solís
Coordinadora de Proyectos de Fundación Acción Joven, Sede Limón.

Para más información sobre cómo involucrarse en apoyar la labor FAJ, nos puede con contactar a info@accionjoven.org

Comment