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Regresemos en el tiempo. Imagínese usted con 15 años, cursando el noveno año pero en alguno de estos tres escenarios:
- viviendo en un barrio que no cuenta con todos los servicios públicos ni buena infraestructura,  en una familia uniparental y con fuertes problemas económicos.
- en una comunidad costera, viviendo con sus abuelos, quienes sufren de problemas de salud que usted no puede solucionar, y con ingresos reducidos.
- en una casa en buen estado, con ingresos regulares, pero usted con una energía inagotable y poco comprendida.
A cualquiera de estos escenarios súmele todas las inseguridades y sorpresas que trae la adolescencia.

Ahora imagine que un día en el colegio dan la noticia de la apertura de nuevos grupos de expresión artística y a usted le empieza a resonar la idea. Quizás usted como adulto y no como ese joven se pregunte ¿cómo es que el arte puede impactar positivamente y transformar vidas?

La cultura y la expresión artística, son conceptos y vivencias que se han querido visualizar desde un punto de vista ocasional y de entretenimiento en nuestra sociedad. Sin embargo, el arte es uno de los medios de expresión más antiguos, auténticos y de exploración personal que existen.

Véase a usted mismo de 15 años entrando a un grupo artístico, en un grupo de música de garaje, de baile en la calle, de teatro del colegio, escribiendo poesía en la casa o en cursos de algún instrumento de la municipalidad o en academias privadas.

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En las primeras clases es posible que sienta cierta incomodidad hablando o compartiendo con personas del grupo que no conoce bien e incluso algunos ejercicios puede que hasta le parezcan ridículos. No obstante, usted sigue asistiendo porque le gusta bailar, actuar, dibujar y porque empiezan a tener sentido las cosas que realiza en esas sesiones.

Con el paso del tiempo usted empieza a percibir como el arte tiene componentes esenciales que empiezan a trasformar su pensamiento y la forma en la que usted actúa con los demás.

Usted, siendo ese joven que quiso hacer arte, ahora comprende que llevar un proceso artístico desarrolla la disciplina, el compromiso, el respeto -debido a que se trabaja en grupo- y potencia las responsabilidades individuales y colectivas.

El proceso artístico profundiza en el aprendizaje a partir del autoconocimiento, tanto del pensamiento como del cuerpo. Por tanto, se amplía y mejora la percepción personal, lo que a su vez repercute en la visión del mundo.

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Después de unos meses es un joven diferente al que entró el primer día. Posiblemente su situación familiar, económica y social sigue siendo igual. Pero ahora usted está equipado con herramientas que le permiten llevar de manera diferente las situaciones conflictivas y de estrés que experimenta. Además, encontró un espacio sano en el cual compartir y generar una identidad propia y colectiva.

Volvamos ahora al usted actual, hoy con su vida. Posiblemente le sea más fácil compartir nuestra visión en Fundación Acción Joven, con respecto al poder transformador del arte en la vida de los y las jóvenes, como motor para construir proyectos personales y colectivos y cambiar para bien la forma en que se ven a sí mismos, cómo se relacionan con los demás y les empodera a actuar en su entorno y cotidianidad.

Catalina Vargas Muñóz
Coordinadora de Proyectos CAO de Fundación Acción Joven

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