Para responder a la pregunta sobre nuestra identidad, deberíamos encontrar algo inmutable en nosotros, algo que no cambia nunca, ¿se puede pensar la identidad en el mundo de hoy?, ¿se puede pensar algo que no cambie en un mundo donde todo cambia?

La palabra “identidad” proviene del latín que significa “lo mismo”. Es decir, lo que se repite siempre igual. Sin embargo, muchas de las acciones que identificamos como “igual”, y que se repiten de forma constante en nuestras vidas, son muy pocas. Algunas de ellas son el nombre, el apellido, la familia, y el lugar donde nacimos. Esto nos lleva concluir que hay más factores que nos identifican y construyen nuestra “identidad”.

Por tanto, podríamos decir que la “identidad” es una condición humana. Como personas tenemos la necesidad de pertenecer a las cuestiones más viscerales, que generalmente se derivan de una construcción cultural. Esta construcción suele ser definida por los elementos que genera el entorno social, geográfico, cultural e histórico de cada uno y/o el grupo/s de pertenencia, que se forma a lo largo del tiempo, se moldea y se enriquece.

Con todos los cambios existentes y promovidos por la influencia de los medios masivos de comunicación, vamos priorizando el poseer (objetos) y dejamos de lado el ser (identidad), aprendizaje social y las experiencias de uno mismo.

Por ejemplo, nuestros grupos de pertenencia son a partir de una actividad que conlleva un objeto común que nos une (surfer, buggie, skater, biker, etc.), pero no profundizan más allá de la actividad hacia la construcción del “ser”.

Pensar lo social en términos de identidad e intervención, implica la construcción de un punto de encuentro entre la persona, la cultura y su entorno en general. Los aspectos contextuales dialogan, se entrecruzan, elaboran diferentes tipos de demandas y van identificándose con ellas.

No obstante, dentro del análisis que se hace a partir del trabajo que realiza la Fundación Acción Joven con personas en situación de vulnerabilidad social, específicamente en la comunidad de Chacarita, Puntarenas, nos encontramos con una variable importante y, en muchos casos, determinantes para el desarrollo identitario de uno/a y/o el otro/a: el desarrollo de la persona como “individuo unitario”.

Un joven que se desarrolla como individuo unitario posee pocos vínculos sociales, relacionamiento y construcción desde lo grupal a partir del otro/a. Esto desemboca en la construcción de una identidad que ciertamente tiene influencia del entorno, del contexto y de la cultura, el cual no le permite contemplarse él o ella misma en un todo grupal, el lugar donde se encuentra inmerso implícitamente. 

Sobre todo, en los jóvenes con los que nos encontramos trabajando, y a quienes proponemos trabajar bajo el concepto de identificación, destrucción, construcción, así como de re-construcción de la identidad, suelen generar un poco de rechazo en cuanto al compartir sus sentires y su identidad anivel grupal, pero no así de forma individual. ¿Por qué? La respuesta es simple: se encuentran inmersos dentro de ciertos patrones que les exige seguir una serie de prácticas esperadas, como lo son las conductas machistas.

Todo esto nos lleva a exigir, entrenar y educar la percepción, romper estereotipos e interpelar desdela construcción del “ser”, la manera de no caer en prejuicios, orientada a cuidar y vincular desde el acompañamiento, la escucha, la construcción con y para ellos de forma igualitaria.

Agustina Gómez Cáceres
Coordinadora de Proyecto de Fundación Acción Joven / Sede Puntarenas

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