Miles de niñas y adolescentes viven en condición de alta vulnerabilidad social en Costa Rica, y el mayor desafío por el que las mujeres jóvenes deben pasar, se centra en las múltiples formas de violencia y discriminación existentes por razón de su género, y otras condiciones que les acompañan (étnicas, económicas, sexuales, identitarias, etc).

Tener poco acceso a la educación sobre sexualidad laica y científica, ejercer la maternidad siendo aún muy jóvenes, hacerse cargo de sus familias, e incluso ser víctimas de violencia sexual, son sólo algunos ejemplos de las diversas formas de agresión que ellas sufren cotidianamente. Según datos de ONU Mujer, actualmente, una de cada tres mujeres sufre violencia, y más de la mitad de las víctimas de agresiones sexuales son niñas menores de 16 años de edad.  A su vez, en Costa Rica, según datos de UNICEF, uno en cada cinco embarazos son de mujeres adolescentes menores de 19 años.

Esta realidad injusta para nuestras niñas y jóvenes es la consecuencia de sociedades machistas y adulto-céntricas, que siguen reproduciendo roles de género, estereotipos y continúan considerando a las mujeres ciudadanas de segunda categoría. Lo cual retrasa e impide la creación de política pública que les proteja y que fomente la igualdad de género. 

Por ello, uno de los mayores retos para eliminar esta realidad se encuentra en la educación. La educación pública tiene un enorme potencial para contribuir en materia de derechos de las mujeres cuando toma en cuenta las desigualdades y se ocupa en sensibilizar desde un enfoque de derechos, equidad e inclusión.

Esto implica:
- Sensibilizar al personal docente y estudiantes en los centros educativos sobre la importancia de la protección y divulgación de estos derechos.
- Poner en práctica los protocolos de detección y atención temprana de violencia en general, y por condición de género y orientación e identidad sexual en particular.
- Generar espacios para la promoción y desarrollo de liderazgos femeninos que fomenten la participación política y comunitaria a corto y largo plazo.
-  Implementar procesos que ayuden a niñas y adolescentes a reconocer la discriminación en cualquier espacio como algo que no debe ser tolerado, y sobre todo construir junto con ellas las herramientas para afrontar estas problemáticas.
- Promover e incentivar otras formas de ejercer las masculinidades, en torno a la equidad, las relaciones horizontales y la eliminación de prácticas violentas y machistas en niños y hombres adolescentes.

Lo anterior requiere un compromiso y responsabilidad que no es exclusivo de las familias o de las instituciones estatales, si no de los diversos actores sociales que les rodea. Fomentar una educación para la equidad y por la eliminación de la violencia hacia las mujeres, requiere entonces el desarrollo de habilidades académicas y técnicas que les permitan salir adelante, pero más importante aún, de estrategias de empoderamiento femenino, para que sean ellas mismas las que reconozcan su valor como persona, sus potencialidades, y puedan ejercer libremente sus derechos, y que estos sean reconocidos, respetados y defendidos.

-En conmemoración del Día Internacional de la Mujer
Natalia Serrano Álvarez
Coordinadora del Proyecto CAO de Fundación Acción Joven

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