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Miradas movedizas, sonrisas genuinas y saludos amables, pero a la vez brindados con inseguridad… son en muchos casos “el día a día” de quienes son conscientes de la existencia de una mayoría a la que podrían sentirse no pertenecer, y que desde ahí observan como esa mayoría en apariencia similar entre ella misma es aceptada y adaptada a su entorno… o más bien debería decir ¿su entorno adaptado a esta? Si lo pensamos de esa manera, podríamos entrar en la razón de que nuestra empatía tiene la posibilidad de tener un mayor alcance.

Ahora, si partimos de que usualmente el ser humano teme lo que no conoce, podríamos considerar que muchos temen el interactuar o relacionarse con personas con discapacidad por esta misma razón: no les han conocido o no han tenido la oportunidad por múltiples motivos. Lo cierto es que gran oportunidad puede estar desaprovechando pasar en su vida.

Relacionarnos como seres humanos frente a otros seres humanos.

 Es común observar personas con buenas intenciones, procurando evidenciar sensibilidad, cuidados o bien se descubren con falta de palabra durante su interacción con personas con alguna discapacidad, como casi con un afán incomodo por no querer cometer algún error; esto no es un pecado capital, pero carga de presión o estrés innecesarios y bloquea el disfrute genuino de una conversación valiosa y profunda cuando esta es posible. Al frente suyo tendría a otro ser humano con virtudes y defectos al igual que usted. Libérese de la presión, simplemente sea usted, dispóngase a aprender de las mil y una batallas que posiblemente ese otro ser humano haya peleado en circunstancias diferentes a las suyas, nútrase de la nobleza del corazón que puede desarrollar alguien quien por encima de lo que “le hace diferente a esa mayoría” tiene el entendimiento o el valor de ser tolerante y hacer pasar desapercibida su incomodidad y ser feliz.

El alcance de nuestra empatía social.

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Posiblemente usted alguna vez ha sentido frustración al realizar alguna o varias tareas que no logra terminar por la dificultad de la misma o bien por falta de condiciones adecuadas. Pues bien, le invito a pensar como sería su día si hiciera alguno de estos ejercicios: vendar sus ojos por 24 horas, sujetarse el brazo derecho a su costado, o simplemente logre imaginar si todo lo que le dijeran no lograra interpretarlo completa y correctamente. Puede parecer extremo, pero lo que está pensando en este momento sobre esos ejercicios puede reflejar su empatía social hacía este tema. Si usted hiciera estos ejercicios ¿Qué consideraría conveniente para sobrellevarlo?, ¿Qué esperaría de las personas que le rodean y nuevos conocidos?, ¿Qué modificaciones en su rutina debería realizar para cumplir con sus objetivos? Esas respuestas proyectan hasta donde usted podría estirar el alcance de su empatía y transformarla en acciones para validar los derechos de las personas con discapacidad, atrévase a conocer y valorar, extienda su empatía incursionando en su diario vivir ideas inclusivas.

Por Carlos Alvarado, Coordinador de Proyecto

FAJ aboga por una sociedad no solo más empática e inclusiva, sino que también respeta y defienda los derechos de las personas con discapacidad.

 

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